Todos / Digitalización / Gestión financiera / Contabilidad / Seguros sociales / Impuestos / Gestión empresarial / Creación de empresas / Sucesión empresarial
Publicado: 13.12.2022 Urs Urs Rindlisbacher

¿Cómo sería si mañana se obtuviera más por su dinero que ayer? Gracias a la inflación en Suiza y a sus precios que suben a diario, esto suena como una utopía de cuento de hadas. Sin embargo, desde el punto de vista de la economía nacional, los precios a la baja no son ni una utopía ni algo maravilloso. Si los precios no se reducen porque el progreso tecnológico permite ahorros o porque los procesos se vuelven más eficientes, este fenómeno económico se denomina deflación. Y la deflación no es en absoluto un motivo de alegría.

Definición de deflación

La deflación es el equivalente de la inflación, un fenómeno económico en el que se produce un aumento sostenido de los precios. El dinero pierde así su poder adquisitivo. Al contrario que en la inflación, en una deflación aumenta el poder adquisitivo del dinero. Aunque al principio esto suena como un motivo de alegría, la deflación es tan indeseable como una inflación descontrolada. Las caídas de precios solo se denominan deflación cuando conducen al desempleo y a un descenso del rendimiento económico. La deflación imposibilita el crecimiento de una economía nacional.

Tipos y causas de la deflación

Se presentan dos formas de deflación: la deflación monetaria y la deflación de precios.

  • Deflación monetaria: en la deflación monetaria hay menos dinero en el circuito económico, lo que conduce a una reducción a largo plazo de los precios de los bienes.
  • Deflación de precios: en la deflación de precios, el proceso se pone en marcha mediante reducciones de precios. En términos generales, la deflación surge del desequilibrio entre la oferta y la demanda. Como causa de este desequilibrio se pueden distinguir cuatro motivos.

Motivos económicos

Las razones económicas de una deflación pueden ser las medidas de ahorro, las expectativas negativas sobre el futuro y la inestabilidad del mercado laboral. Las medidas de ahorro pueden afectar tanto a los hogares privados como a las empresas. Todos estos motivos están estrechamente relacionados entre sí. Las previsiones negativas para el futuro pueden significar, por ejemplo, que se reduzca el volumen de producción y que, por lo tanto, se produzcan despidos. Esto no solo conlleva una pérdida de ingresos para los hogares privados, sino también una reducción de los beneficios para la empresa. Todos estos factores hacen que las compras y las inversiones se suspendan temporalmente y se pospongan a un momento indeterminado en el futuro.

Deflación salarial

Se habla de deflación salarial cuando las empresas, debido a una disminución de la demanda y, por tanto, a una caída de las ventas, se ven obligadas a reducir los salarios de los empleados o a despedirlos. De este modo, los consumidores disponen de menos dinero para gastar. Se genera una espiral descendente.

Deflación crediticia

Si aumenta el valor del dinero, también aumentan las deudas y, en consecuencia, la probabilidad de un sobreendeudamiento. Como resultado, los bancos conceden menos créditos y provocan así una nueva reducción de la masa monetaria. Esto acelera el proceso de deflación.

Motivos políticos

Entre las causas políticas de una deflación se cuentan el aumento del tipo de interés director y la reducción del gasto público. También en este caso, la consecuencia es que la demanda disminuye o, dicho de otro modo, que se invierte menos dinero.

Consecuencias de una deflación

Al igual que la inflación, la deflación desemboca en un círculo vicioso. La demanda disminuye, los beneficios se reducen, los empleados reciben menos salario o son despedidos. Una mayor tasa de desempleo provoca a su vez una nueva disminución de la demanda, lo que también reduce los impuestos y deja a los Estados con menos dinero disponible. Si no se contrarresta esta situación, la deflación se convierte en una depresión y, por tanto, en una dura crisis económica.

Reflación: estrategia de respuesta a la deflación

Para evitar el peor de los casos, una depresión, deben adoptarse medidas de política económica en cuanto se vislumbre una deflación.

La reflación es la estrategia de política financiera opuesta a la deflación. El objetivo es volver a elevar el nivel de precios que, en caso de deflación, ya no cubre los costes. Además, deben alcanzarse otros objetivos de política económica, como por ejemplo la estabilidad de precios, un presupuesto estatal equilibrado y la interrupción de una espiral deflacionaria persistente. En la reflación se produce una interacción entre una política monetaria y fiscal expansiva.

A diferencia de la estrategia aplicada en caso de inflación, el Banco Nacional Suizo reduce los tipos de interés en caso de deflación. De este modo se pueden contraer más créditos y poner en circulación recursos monetarios. Además, el dinero puesto en circulación estimula la demanda de productos y servicios. Gracias al aumento de la demanda, la presión a la baja sobre los precios disminuye y las empresas pueden volver a elevarlos a un nivel rentable. Así se puede restablecer la estabilidad de precios. En caso de deflación, los proyectos de construcción de alto coste pueden ser una medida adecuada. Estos contrarrestan las altas tasas de desempleo, lo que a su vez implica un aumento del volumen de demanda. Si la demanda aumenta, también crecen los ingresos del Estado por impuestos. En función de la situación del Estado, también puede tener sentido reducir los impuestos para aliviar aún más a las empresas y a los hogares privados.

Una última opción para combatir la deflación es el control de divisas. De este modo, el Estado puede garantizar que las divisas (moneda extranjera) se cambien por moneda nacional. Así se incrementa la masa monetaria en circulación.

Inflación vs. deflación

Ante la cuestión de qué es peor, la inflación o la deflación, la respuesta siempre depende del punto de vista de quien observa. Ambos fenómenos suponen importantes problemas para la economía. En una inflación, los deudores salen ganando, mientras que aquellos que no han invertido su dinero de forma protegida frente a la inflación (por ejemplo, el oro como protección frente a la inflación) o que se ven especialmente afectados por las subidas de precios, se consideran perdedores. En la deflación, los consumidores se consideran ganadores, aunque solo sea a corto plazo, ya que pueden adquirir bienes y servicios a precios más bajos. Desde el punto de vista de la economía nacional, la deflación se considera un problema mayor, mientras que la inflación, hasta cierto punto (umbral del 2 %), es incluso deseable. La pérdida de valor del dinero en el marco de la inflación estimula el consumo, lo que hace florecer la economía. Por el contrario, la deflación provoca una caída de las inversiones y de la demanda, lo que conlleva la paralización de la economía.